Nevado Ausangate desde el poblado de Pacchanta, Perú.

Nevado Ausangate desde el poblado de Pacchanta, Perú.

Nativa de Pacchanta elaborando artesanía. Perú.

Las casas son de piedra con sus techos de paja, Perú.

Impresiones personales.

Caminamos entre grandes montañas, un paisaje aparentemente agreste pero rebosante de vida y detalles que van apareciendo a medida que se avanza; grandes lagunas de azul turquesa, esmeralda y palestras rocosas enormes que se alzan desde lo profundo de la tierra, como descomunales uñas que tratan de rasgar el cielo. Acompañándoles, moles de hielo eterno, macizos que sobrepasan los 6.000 metros de altura y que corresponden a una de las cordilleras más imponentes del planeta. El lugar, la cadena montañosa de Vilcanota, donde Ausangate y Cayangate, dos apus sagrados o montañas ancestrales del Perú, rigen la vida del hombre andino.

 

Romario Huamán Quispe es el típico joven de los altos andes peruanos. De mirada limpia y transparente sabe preparar el fuego cálido con coirón y guano cuando cae la fría tarde, cocinar meriendas diversas y también a sus escasos dieciocho años, ya sabe que para sobrevivir en condiciones tan agrestes, soportando temperaturas menores a los -20 ºcelsius en la época fría, hay que respetar los ciclos de la naturaleza y cuidar como oro lo más preciado del hombre andino, el rebaño de animales.

Sentado en cuclillas y con las manos estiradas hacia el fogón, miro absorto el interior de la rústica casa de Romario. Con pequeñas ventanitas como escotillas y con innumerables recortes de periódicos y revistas como recubrimiento en las paredes, la habitación principal hecha de piedras, barro y yeso, alberga en su interior algunos rudimentos de cocina, cuerdas artesanales y una mesa tallada de una gran piedra traída de los alrededores. Al fondo, una pequeña puerta por la que es necesario agacharse da la entrada a una cálida habitación, donde se duerme no en camas, si no que en un relieve del suelo que se cubre con muchos cueros de ovejas y llamas. Aunque afuera el sol brilla, las casas de los altos andes son obscuras, la única luz que domina es la de la cocina y la de lámparas de aceite. La techumbre de coirón entretejido a absorbido años de humaredas e historias junto al fuego y ya solo deja ver algunas cebollas colgando o artesanía olvidada.

La madre de Romario, de rodillas al igual que yo, pica papas y prepara en forma mecánica los alimentos para la familia Huamán Quispe. Habla, como la gran mayoría de las personas de edad del altiplano, únicamente quechua y sólo puedo entender sus gestos. La luz de la fogata ilumina su rostro ajado, el que se confunde con las paredes. Mientras, un pequeño y juguetón cuye descansa su peluda cabeza en mi rodilla, algunos pasan corriendo por entre las ollas sin saber que se convertirán en el almuerzo. El joven riéndose dice, “ estas son las mascotas de la casa, las traemos desde el poblado de Tinqui, y aquí se crían bien, hasta que están bien para la olla, son mejores que el conejo”. Aun no aclara y decidimos tomarnos un mate de hojas de coca, para evitar el mal de altura y esperar el amanecer....

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Datos Técnicos / Tecnical Data: Imágenes capturadas con Nikon FM-2. Fuji Velvia 50 , Velvia 50 forzada a ASA 100 y T-Max 100.

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